TLos mejores documentos desaparecen. Te olvidas de la interfaz, la barra de desplazamiento, el cromo alrededor de las palabras y te quedas solo con una sola columna de texto que hace exactamente lo que debía hacer: llevar un pensamiento de una mente a otra.
Llegar allí es principalmente una resta. Un margen generoso. Una longitud de línea que nunca pasa desapercibida. Una tipografía con suficiente calidez para leer durante una hora sin cansarse.
El espacio en blanco no está vacío; es el marco el que le dice al lector dónde descansar. En una página A4, el margen exterior le da al pulgar un lugar donde vivir y al ojo un lugar al que regresar.
Cuando la misma página se vuelve editable, no se debe perder nada de esa calma: las herramientas simplemente se juntan en los bordes, listas para cuando las alcances.






































