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En medio de apuestas por cequíes, bromas y tensiones entre mercenarios, el ruido del cañón irrumpe y marca la continuidad del peligro. Los jugadores discuten la figura del capitán Tormenta, su identidad y valor, mientras describen su entorno, sus bandos y las apariencias de ambos contendientes.","El Capitán Tormenta I  \nLibro descargado [en www.elejandria.com](en www.elejandria.com), tu sitio web de obras de  \ndominio público  \n¡Esperamos que lo disfrutéis!  \nEmilio Salgari  \n- ¡Siete!  \n- ¡Cinco!  \n- ¡Cuatro!  \n- ¡He ganado!  \n- ¡Por treinta mil cimitarras turcas! ¡Que suerte la vuestra, señor Perpignano! En dos noches me habéis ganado ochenta cequíes. ¡Esto no puede seguir!¡Prefiero una descarga de culebrina, aunque la bala sea disparada por esos perros infieles! ¡Por lo menos, no me martirizarán cuando conquisten Famagusta!  \n- ¡Si la conquistan, capitán Laczinski!  \n- ¿Lo ponéis en duda, señor Perpignano?  \n-De momento, sí . En tanto que estén a nuestro lado los mercenarios no será conquistada. La República sabe elegir a sus soldados.  \n-Pero no son polacos.  \n- ¡Capitán, no ofendáis a los soldados dálmatas!  \n-No pretendo tal cosa. Pero si se encontrasen aquí mis compatriotas…  \nMurmullos amenazadores, que empezaron a oírse en torno a los dos jugadores, unidos al entrechocar de espadas nerviosamente blandidas, hicieron al capitán Laczinski interrumpir sus palabras.  \n-¡Oh!–exclamó cambiando el tono de su voz y esbozando una sonrisa- . ¡Ya conocéis, bravos mercenarios, que soy amigo de las bromas! Llevamos ya cuatro meses luchando juntos contra esos perros descreídos, que han jurado agujerearnos el pellejo, y sé lo que valéis. De manera, señor Perpignano, que  \nmientras los turcos nos dejan en paz un rato, continuemos nuestra partida.  \nAún conservo unos veinte cequíes que están ansiando salirse del bolsillo.  \nComo para desmentir las palabras del capitán, en aquel instante se oyó elestampido del cañón.  \n-¡Ah, bandidos! ¡Ni por la noche nos dejan tranquilos!–exclamó el polacoparlanchín- . ¡Bah! ¡Todavía nos darán ocasión de perder o ganar unos cuantos cequíes!  \n¿No os parece, señor Perpignano?  \n-A vuestra disposición estoy, capitán.  \n- ¡Tiráis vos!  \n- ¡Nueve!–dijo Perpignano, lanzando los dados encima del taburete que hacía las veces de mesa de juego.  \n-¡Tres!  \n- ¡Once!-¡Siete!  \n- ¡He ganado!  \nUna exclamación de contrariedad surgió de los labios del poco afortunado capitán, en tanto que en torno a él, brotaban algunas carcajadas, rápidamentereprimidas.  \n.- ¡Por las barbas de Mahoma!–barbotó el polaco, tirando sobre el taburete un par de cequíes- . ¿Habéis pactado acaso con el demonio, señor Perpignano?  \n-¡Dios me guarde! ¡Soy buen cristiano!  \n-En tal caso alguien debe de haberos enseñado a lanzar los dados. ¡Apostaríami cabeza contra las barbas de un turco a que ese que os ha enseñado es el  \ncapitán Tormenta!  \n-Juego a menudo con tan valiente caballero, pero no me ha dado la menor lección.  \n-¿Caballero? ¡Bah!–dijo el capitán, con alguna acritud.  \n-¿No le consideráis así?  \n- ¡Bah! ¿Quién sabe en realidad de qué persona se trata?  \n-De todas maneras, es un joven amable y en extremo valeroso.-¡Un joven!  \n-¿Qué pretendéis decir con esto, capitán?  \n-¿Y si no se tratase de un joven?  \n-Probablemente no tiene todavía veinte años.  \n-¡No me entendéis! Pero olvidemos al capitán Tormenta y a los turcos, ycontinuemos el juego. No deseo combatir mañana con la bolsa vacía. ¿De que forma iba a pagar a Caronte el barquero (personaje mitológico) sin tener conmigo un miserable cequí?  \nBien conocéis que para atravesar la Estigia hay que pagar, amigo mío.  \n-¿Tan cierto estáis de ir al infierno?–preguntó , entre risas, el señor Perpignano.  \n-¡Pudiera ocurrir!–replicó el capitán, cogiendo casi con cólera el cubilete y moviendo los dados- . ¡Aún quedan dos cequíes!  \nEsta escena se desarrollaba en una gran tienda de campaña que servía al mismo tiempo de cuartel y de cantina, a juzgar por los numerosos colchones amontonados en un extremo y los barriles acumulados tras un rústico banco, en el que se hallaba sentado el propietario de la tienda, bebiendo a tragos una  \ngarrafa llena de vino de Chipre.  \nDebajo de una lámpara de las denominadas de Marrano, que pendía del machón central de la tienda, se encontraban 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