[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-76716-es":3,"doc-seo-76716-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":92},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},76716,687197207639,"Asher","https://ap-avatar.wpscdn.com/davatar_a8503ba1806abce46bf441b54a3ca4cd",22,"Relatos y Novelas","La bola de nieve","Relato literario en español centrado en una noche de intenso calor en Derbent, narrada desde la contemplación de un tío, Kassim y su sobrina. La atmósfera se construye con imágenes del sol y la luna, el mar Caspio y el silencio previo al amanecer, mientras se alternan oraciones, vigilancia de centinelas y visiones oníricas. El texto integra expresiones religiosas y plegarias para configurar tensión, deseo y reflexión sobre la vida, la fe y la incertidumbre.","La bola de nieve  \nAlejandro Dumas  \nLibro descargado [en www.elejandria.com](en www.elejandria.com), tu sitio web de obras de  \ndominio público  \n¡Esperamos que lo disfrutéis!  \nCuarenta grados a la sombra  \nComo un canto de difuntos de un esplendoroso día de mayo que acaba de borrarse con destino a la eternidad, así se lamentaba la voz triste y sonora del almuédano.  \n¡Por Alá! ¡Qué calor hace en Derbent! Subea la azotea, Kassim, y observa si el sol ya seoculta tras las montañas. ¿Está todo rojo por poniente? ¿Hay alguna nube en el cielo? No, tío; hacia el ocaso todo sigue tan azul como los ojos de Kitshina. El sol se acuesta en toda su majestad, como una rosa flamígera incrustada en el pecho del atardecer: ni siquiera su última mirada sobre la tierra dispone de una sutil bruma que traspasar. Ya ha desplegado la noche su abanico de estrellas; ya se ha hecho laoscuridad.  \nSube, sube hasta la azotea, Kassim  \nexclamó la misma voz , y fíjate bien, a ver si  \nse desprende el rocío del cuerno de la luna. ¿Nose oculta tras el arco iris nocturno, igual que una perla en su irisada concha?  \nNo, tío; la luna parece flotar en medio de un océano azulado, y baña el mar con lenguas de fuego. Los tejados están tan secos como las estepas del Mogán, y los escorpiones correteanpor ellos, tan felices.  \nO sea añadió el viejo, con un suspiro que mañana hará tanto calor como hoy. Kassim, lo mejor será que tratemos de dormir. El viejo se durmió y soñó con el dinero que atesoraba. Su sobrina hizo lo propio, pero sus sueños eran los propios de una muchacha de dieciséis años en cualquier lugar del mundo, es decir, tenían más que ver con el amor. Toda la ciudad se entregó al descanso, contemplando en sueños cómo Alejandro Magno construía las murallas que defienden el Cáucaso o forjaba las puertas de hierro de Derbent.  \nA eso de la medianoche, todo estaba en calma.  \nEn aquel silencio universal, sólo se oían las  \nvoces de los centinelas cuando gritaban «Slushe!» ( ¡Alerta!), y el lamento del mar Caspio, que besaba con sus húmedos labios la ribera ardiente y arenosa.  \nDaba la sensación de que las almas de los difuntos se dedicasen a charlar con la eternidad, lo que era tanto más probable por cuanto quenada se asemejaba más a un inmenso cementerio que aquella ciudad de Derbent.  \nDesde mucho antes de que luciese la aurora, la superficie del mar parecía echar llamaradas, y las golondrinas, más madrugadoras que elmulá, cantaban ya en la mezquita.  \nHay que decir, sin embargo, y en honor a laverdad, que no se le adelantaron demasiado, porque el ruido de sus pasos las obligó a levantar el vuelo. Aquél, con la cabeza entre las ma-  \nnos, dio una vuelta entera a la cúpula sin dejarde llamar a la oración, con modulaciones que conferían a su voz la apariencia real de un cántico:  \nDespertaos y levantaos de la cama, musulmanes, que mejor es orar que dormir. Una voz respondió a aquel reclamo, y seoyó :  \nSube a la azotea, Kassim, y mira a ver sidesciende la bruma desde las montañas de Lesguistán. ¿No se torna oscuro el color delmar?  \nNo, tío; las montañas parecen revestidas de oro puro y el mar brilla como un espejo. Hasta la bandera de la fortaleza de Nasenkalpende a lo largo del mástil, como el velo que rodea la cintura de una joven. El mar está en calma. Ni la más leve brisa es capaz de levantar una mota de polvo en el camino. Nada se mueve en la tierra, y en el cielo, todo es prístina  \npureza.  \nEl rostro del anciano se ensombreció y, trashaber realizado sus abluciones, subió hasta laazotea a entonar sus oraciones.  \nExtendió la esterilla que llevaba bajo el brazo y se puso de rodillas. Cuando terminó de recitar sus plegarias de memoria, se puso a rezar con sinceridad:  \nBismillahir rahmanir rahiml  \nexclamó , sin  \ndejar de mirar con tristeza a su alrededor. 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