[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-77468-es":3,"doc-seo-77468-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":92},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},77468,549758252649,"Ivy","https://ap-avatar.wpscdn.com/avatar/8000253669c5317157?_k=1778319167496531819",22,"Relatos y Novelas","El dragón reticente","Relato literario de Kenneth Grahame, publicado en 1898, que narra la exploración de dos niños por un misterio de huellas en la nieve durante una mañana de invierno. La historia combina emoción y suspense con el entusiasmo infantil por identificar una “bestia” y la fantasía de que podría tratarse de un dragón. Tras seguir el rastro por campos, setos y un bosquecillo, la búsqueda desemboca en un jardín privado donde aparece el hombre del circo, abriendo el camino a un posible desenlace y a nuevas dudas sobre lo que realmente persigue Charlotte.","LIBRO DESCARGADO EN WWW .ELEJANDRIA .COM, TU SITIO WEB DE OBRAS DE  \nDOMINIO PÚBLICO  \n¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS!  \nEL DRAGÓN RETICENTE  \nKENNETH GRAHAME  \nPUBLICADO: 1898  \nFUENTE: PROJECT GUTENBERG TRADUCCIÓN: ELEJANDRÍA  \nEL DRAGÓN RETICENTE  \nLas huellas en la nieve han sido infalibles provocadoras de sentimientos desde que la nieve fue por primera vez una maravilla blanca en este mundo nuestro de colores monótonos. En un libro de poesía que nos regaló una tía, había un poema de un tal Wordsworth en el que destacaban con fuerza, con una ilustración para ellas solas, pero ni el poema ni el sentimiento nosparecieron gran cosa. Las huellas en la arena, en cambio, eran otra historia, y comprendíamos mucho más fácilmente la actitud mental de Crusoe que lade Wordsworth. Emoción y misterio, curiosidad y suspense: estos eran los únicos sentimientos que las huellas, ya fuera en la arena o en la nieve, erancapaces de despertar en nosotros.  \nNos habíamos despertado temprano aquella mañana de invierno, perplejos al principio por la luz añadida que llenaba la habitación. Luego, cuando la verdad ﬁnalmente se nos reveló y supimos que una guerra de bolas denieve ya no era un sueño anhelante, sino una sólida certeza que nos esperaba fuera, se desató una lucha brutal por la ropa necesaria, y atarse las botas nos pareció un invento torpe, y abrocharse los abrigos una forma de cierreindebidamente tediosa, con toda aquella nieve desperdiciándose a nuestra misma puerta.  \nCuando llegó la hora de comer, tuvieron que arrastrarnos adentro cogiéndonos por el pescuezo. Terminado el breve armisticio, se reanudó el combate; pero al poco tiempo Charlotte y yo, un poco cansados de contiendas y de proyectiles que se deslizaban estremecedoramente por dentro de la ropa, abandonamos el pisoteado campo de batalla del césped y nos fuimos a explorar los espacios vírgenes y níveos del mundo blanco que se extendía más  \nallá . Se extendía ininterrumpido a nuestro alrededor, este misterioso y suave manto bajo el cual nuestro mundo familiar se había ocultado tan de repente. Unas tenues huellas mostraban dónde se había posado un pájaro casual, pero de otro tráﬁco no había casi ninguna señal, lo que hacía que aquellas extrañas pisadas fueran aún más desconcertantes.  \nLas encontramos por primera vez en la esquina de la arboleda, y las estudiamos durante un buen rato, con las manos en las rodillas. Para los tramperos experimentados que sabíamos que éramos, resultaba molesto encontrarnos de repente con una bestia que no podíamos identiﬁcar al instante.  \n—¿No lo sabes?—dijo Charlotte con cierto desdén—. Pensaba que conocías a todos los animales que han existido.  \nAquello me picó en mi amor propio, y recité apresuradamente una sartade nombres de animales que abarcaba tanto las zonas árticas como las tropicales, pero sin mucha conﬁanza.  \n—No —dijo Charlotte, tras considerarlo—, ninguno de ellos encaja del todo. Parece algo así como un lagarto. ¿Has dicho un iguanodonte? Podríaser eso, quizá. Pero no es británico, y queremos una bestia británica de verdad. ¡Creo que es un dragón!  \n—No es ni la mitad de grande —objeté .  \n—Bueno, todos los dragones tienen que ser pequeños al principio —dijo Charlotte—, como todo lo demás. Quizá este sea un dragoncito que se ha perdido. Sería bonito tener un dragoncito. Podría arañar y escupir, pero nopodría hacer nada de verdad. ¡Vamos a rastrearlo!  \nAsí que partimos hacia el vasto mundo cubierto de nieve, cogidos de lamano, con los corazones henchidos de expectación, conﬁando complacientemente en que, gracias a unas pocas huellas borrosas en la nieve, estábamos en buen camino para capturar un espécimen a medio crecer de una bestia fabulosa.  \nPerseguimos al monstruo a través del prado y a lo largo del seto del campo siguiente, y luego tomó el camino como cualquier contribuyente domesticado y civilizado. 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