[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-43970-es":3,"doc-seo-43970-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":91},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},43970,137441390410,"Hazel","https://ap-avatar.wpscdn.com/avatar/2000252f4ab5702993?_k=1776741390130283984",22,"Relatos y Novelas","El doctor Ox","Relato de Julio Verne ambientado en la pequeña población flamenca de Quiquendone, que no aparece en los mapas pese a su antigüedad y población real. El texto describe su geografía, monumentos y costumbres, así como una vida interior marcada por la modestia y la autosuficiencia. A partir del capítulo inicial, se introducen tensiones administrativas y deliberaciones del burgomaestre van Tricasse y del consejero Niklausse sobre asuntos de la villa, encauzando el tono de crónica de sucesos inverosímiles.","Julio Verne  \nEl doctor Ox  \nCapítulo I  \nDe cómo es inútil buscar, aun en los mejores mapas, la pequeña población de Quiquendone  \nSi buscan en un mapa de Flandes, antiguo  \no moderno, la pequeña población de Quiquendone, es probable que no la encuentren. ¿Es acaso una ciudad desaparecida? No. ¿Es una ciudad futura? Tampoco. Hace, sin embargo, que existe, apesar de las geografías, de ochocientos anovecientos años.  \nY hasta cuenta dos mil trescientas  \nnoventa y tres almas, admitiendo un alma por habitante. Se encuentra situada a trece kilómetros y medio al Noroeste de Audenarde, y a quince kilómetros y cuarto al Suroeste de Brujas, en plena Flandes. El Vaar, pequeño afluente del Escala, pasa pordebajo de sus tres puentes, cubiertos todavíapor una antigua techumbre de la Edad Media, como en Tournai. Se admira allí un vetusto castillo, cuya primera piedra fue colocada en 1197 por el conde Balduino, futuro  \nemperador de Constantinopla, y unapuntamiento con semiventanas góticas, coronadas por un rosario de almenas a las cuales domina un campanario de torrecillas que se eleva a trescientos cincuenta y siete pies sobre el suelo. Tienen sus campanas un repique de música de cinco octavas que suena todas las horas, verdadero piano aéreo que sobrepuja en fama al célebre campanario armónico de Brujas. Los extranjeros, si esque alguna vez han pasado por Quinquendone, no salen de esta curiosapoblación sin haber visitado la sala de losestatuders , adornada con el retrato de cuerpo entero de Guillermo de Nassau, por Brandon; el antecoro de la iglesia de San Maglori, obra maestra de la arquitectura del siglo XVI; el pozo de hierro forjado cuyo admirable ornato es debido al pintor-herrero Quintín Metsys; el sepulcro antiguamenteerigido a María de Borgoña, hija de Carlos el Temerario, que descansa ahora en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas, etc. Por último, la principal industria de Quinquendone es la fabricación de merengues y de alfeñiques, en grande escala. Es administrada de padre en hijo por la familia van Tricasse. ¡Y sin embargo, Quinquendone no figura en el mapade Flandes! ¿Es olvido de los geógrafos uomisión voluntaria? No lo puedo decir, pero Quinquendone existe realmente con sus calles estrechas, su recinto fortificado, sus casas españolas, su mercado y su burgomaestre4, y por más señas, ha sido reciente teatro de fenómenos sorprendentes, extraordinarios, tan inverosímiles comoverídicos, y que van a ser fielmente consignados en la presente relación. Ciertamente que nada hay de malo que decir ni pensar de los flamencos del Flandes occidental. Son honrados, sensatos, parsimoniosos, sociales, de buen humor, hospitalarios, tal vez algo pesados de habla y de entendimiento; pero esto no explica por qué una de las más interesantes poblaciones de su territorio no figura en la cartografíamoderna.  \nEsta omisión es sensible seguramente.¡Por fin, si la historia, o a falta de ésta las crónicas, o a falta de éstas la tradición del  \npaís, hicieran mención de Quiquendone! Másno; ni los atlas, ni las gulas, ni los itinerarios, hablan de ella. El mismo señor Joanne, el perspicaz investigador de villorrios, no dice una sola palabra de tal pueblo. Fácil es comprender cuánto debe de perjudicar este silencio al comercio y a la industria de Quiquendone, pero carece de industria y de comercio, y se pasa sin ello del mejor modo del mundo, bastándole sus caramelos ymerengues que se consumen allí mismo, sin exportarse.  \nSus habitantes no necesitan de nadie.  \nTienen apetitos muy limitados y su existencia es modestísima; son calmosos, moderados, fríos, flemáticos; en una palabra, flamencos, como los que todavía se encuentran entre el Escalda y el mar del Norte.  \nCapítulo II  \nEn el que el burgomaestre van Tricasse yel consejero Niklausse se entretienen  \ncon los asuntos de la villa-¿Lo cree usted así? -preguntó el burgomaestre.  \n-Así lo creo-respondió el consejerodespués de algunos minutos de silencio.  \n-Es que no debe obrarse a la ligerarepuso aq","cbCaij2gHQ8yhqhB","https://ap.wps.com/l/cbCaij2gHQ8yhqhB","pdf",262108,3,1,61,"Spanish","es",110,"# Capítulo I\n## Quiquendone y su ausencia en los mapas\n## Industria local y silencio documental\n# Capítulo II\n## Deliberaciones del burgomaestre van Tricasse\n## La plaza de comisario civil","[{\"question\":\"Por qué Quiquendone no figura en el mapa de Flandes?\",\"answer\":\"La narración señala que los atlas, guías e itinerarios no la mencionan, y se plantea como omisión sensible atribuida al silencio de geógrafos o cronistas.\"},{\"question\":\"Qué rasgos caracterizan a los habitantes de Quiquendone?\",\"answer\":\"Se describen como honrados, sensatos y hospitalarios, con apetitos limitados y una existencia modestísima; 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