[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-76452-es":3,"doc-seo-76452-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":83},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},76452,4810365810221,"Aurora","https://ap-avatar.wpscdn.com/davatar_155a257f0dc6eb9ab79c44ca47cae57d",22,"Relatos y Novelas","El grillo del hogar Charles Dickens","El grillo del hogar, de Charles Dickens, publicado en 1845, presenta el inicio de la narración a través de una voz que discute con ironía y precisión el orden de los hechos cotidianos. El relato gira en torno al puchero que hierve y al “grillo” cuyo sonido se anuncia después, usando un detallado juego de descripciones sobre tiempo, movimientos y reacciones de la señora Peerybingle. La escena combina humor doméstico, observación minuciosa y un ambiente de misterio musical que anticipa el desarrollo del conflicto y su significado.","LIBRO DESCARGADO EN WWW.ELEJANDRIA.COM, TU SITIO WEB DE OBRAS DE  \nDOMINIO PÚBLICO  \n¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS!  \nEL GRILLO DEL HOGAR  \nCHARLES DICKENS  \nPUBLICADO: 1845  \nFUENTE: CERVANTES VIRTUAL  \nTRADUCCIÓN: M. ORTEGA  \nEDICIÓN ORIGINAL: BUENOS AIRES, ESPASA CALPE, 1944  \nEL GRILLO DEL HOGAR  \nCHARLES DICKENS  \nPRIMER GRITO  \n-I  \nEmpezó el puchero . No necesito que me contéis lo que la señora Peerybingle dijera; yo me entiendo. Dejad que la señora Peerybinglese pase hasta la consumación de los siglos asegurando laimposibi lidad de decidir cuál empezó: yo digo que fue el puchero . Tengo motivos para saberlo. El puchero empezó cinco minutos antesque el grillo, según el relojito holandés de cuadrante barnizado situado en el rincón.  \n¡Como si el reloj no hubiese cesado de tocar! ¡Como si elsegadorcido de movimientos convulsivos y bruscos que lo remata, paseando la hoz de derecha a izquierda y luego de izquierda aderecha ante la fachada de su palacio morisco, no hubiese segadomedio acre de césped imaginario antes que el grillo hubiese hechonotar su presencia!  \nA decir verdad, no fui nunca terco, como todo el mundo sabe. Pornada del mundo opondría mi opinión personal a la opinión de laseñora Peerybingle, si no estuviese perfectamente seguro de loocurrido. «Nada me induciría a semejante cosa . Pero se trata de una cuestión de hecho, y el hecho es que el puchero empezó por lo menos cinco minutos antes que el grillo hubiese dado señal de vida. Si insistís, apostaré que transcurrieron diez minutos.  \nDejarme contar el caso tal como ocurrió . Es lo que hubiera hecho desde la primera frase a no considerar que si cuento una historia debo empezar por el principio, y ¿cómo queréis que empiece por el principio si no empiezo por la vasija?  \nParecía que la vasija y el grillo luchaban. Una lucha musical, exclusivamente musical. Vais a saber su origen y sus consecuencias.  \nLa señora Peerybingle había salido al obscurecer de una tardehúmeda y fría, haciendo sonar sus zuecos sobre el empedrado llenode lodo; por cierto que sus pisadas reproducían groseramentealrededor del patio una porción de figuras circulares de la primeraproposición de Euclides. La señora Peerybingle había ido a la fuente a llenar el puchero . De vuelta ya, y quitados los chanclos, que no era poco-por ser los chanclos muy altos y la señora Peerybingle muy pequeña-, puso el puchero al fuego. Entonces perdió su sangre fría, o por lo menos olvidó la paciencia que la caracterizaba; porque estando el agua fría como el hielo y hallándose en forma de granizolíquido y escurridizo que se infiltra hasta lo más interno de toda substancia, incluso los círculos de hierro que sostienen los chanclos, no había respetado los dedos del pie de la señora Peerybingle, l legando a salpicar sus piernas. Y como precisamente, cuando estamos algo orgul losos de nuestras piernas, y con razón,  \nprocuramos con empeño usar medias aseadas, claro está que en principio hallaríamos algo durilla semejante prueba.  \nAdemás, el puchero mostraba una obstinación creciente. No quería dejarse acomodar sobre la barra superior de la rejilla; no quería prestarse tranquilamente a las desigualdades del carbón; se inclinaba hacia adelante con modales de borracho, y vertíaentretanto el agua sobre el hogar, con insufrible sandez. Hay más: latapadera, resistiendo a los dedos de la señora Peerybingle, empezó por girar de arriba abajo, y luego con ingeniosa testarudez, digna de mejor causa, se hundió de lado hasta el fondo del puchero . El cascarón del Royal-George no hizo para salir del agua la mitad de la resistencia monstruosa que la tapadera opuso a los esfuerzos de laseñora Peerybingle, antes que ésta pudiese sacarla y colocarla de nuevo en su sitio.  \nY aun entonces el desgraciado puchero se mostró huraño ygruñón, poniendo el asa en aire de desafío, y levantando el pico con burlona impertinencia hacia la señora Peerybingle, como si dijese:«No quiero hervir. 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