[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-77364-es":3,"doc-seo-77364-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":91},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},77364,1649267921044,"Ava Thompson","https://us-avatar.wpscdn.com/avatar/1800007509477c92dfb?_k=1782875107921204101",22,"Relatos y Novelas","El Chiflón del Diablo","Relato enmarcado en una sala de trabajo minera donde el capataz controla el ingreso de los obreros y lleva el registro de los nombres durante una fría mañana de invierno. Tras una orden de reducción de personal, dos trabajadores enfrentan el dilema de quedar sin sustento o aceptar el traslado forzoso al “Chiflón del Diablo”, conocido por su siniestra fama. La narración expone el conflicto social, la presión económica y el destino impuesto por la explotación minera.","LIBRO DESCARGADO EN WWW .ELEJANDRIA .COM, TU SITIO WEB DE OBRAS DE  \nDOMINIO PÚBLICO  \n¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS!  \nEL CHIFLÓN DEL DIABLO  \nBALDOMERO LILLO  \nPUBLICADO: 1904  \nFUENTE: TEXTOS .INFO  \nEL CHIFLÓN DEL DIABLO  \nEn una sala baja y estrecha, el capataz de turno sentado en su mesa de trabajo y teniendo delante de sí un gran registro abierto, vigilaba la bajadade los obreros en aquella fría mañana de invierno. Por el hueco de la puerta se veía el ascensor aguardando su carga humana que, una vez completa, desaparecía con él, callada y rápida, por la húmeda abertura del pique.  \nLos mineros llegaban en pequeños grupos, y mientras descolgaban de los ganchos adheridos a las paredes sus lámparas, ya encendidas, el escribiente ﬁjaba en ellos una ojeada penetrante, trazando con el lápiz una corta raya almargen de cada nombre. De pronto, dirigiéndose a dos trabajadores que iban presurosos hacia la puerta de salida los detuvo con un ademán, diciéndoles:  \n—Quédense ustedes.  \nLos obreros se volvieron sorprendidos y una vaga inquietud se pintó en sus pálidos rostros. El más joven, muchacho de veinte años escasos, pecoso, con una abundante cabellera rojiza, a la que debía el apodo de Cabeza de Cobre, con que todo el mundo lo designaba, era de baja estatura, fuerte yrobusto. El otro más alto, un tanto ﬂaco y huesudo, era ya viejo de aspecto endeble y achacoso. Ambos con la mano derecha sostenían la lámpara y con la izquierda su manojo de pequeños trozos de cordel en cuyas extremidadeshabía atados un botón o una cuenta de vidrio de distintas formas y colores; eran los tantos o señales que los barreteros sujetan dentro de las carretillas de carbón para indicar arriba su procedencia.  \nLa campana del reloj colgado en el muro dio pausadamente las seis. De cuando en cuando un minero jadeante se precipitaba por la puerta, descolgaba su lámpara y con la misma prisa abandonaba la habitación, lanzando al pasarjunto a la mesa una tímida mirada al capataz, quien, sin despegar los labios, impasible y severo, señalaba con una cruz el nombre del rezagado.  \nDespués de algunos minutos de silenciosa espera, el empleado hizo una seña a los obreros para que se acercasen, y les dijo:  \n—Son ustedes carreteros de la Alta, ¿no es así?  \n—Sí, señor —respondieron los interpelados.  \n—Siento decirles que se quedan sin trabajo. Tengo orden de disminuir el personal de esa veta.  \nLos obreros no contestaron y hubo por un instante un profundo silencio. Por ﬁn el de más edad dijo:  \n—¿Pero se nos ocupará en otra parte?  \nEl individuo cerró el libro con fuerza y echándose atrás en el asiento contono serio contestó:  \n—Lo veo difícil, tenemos gente de sobra en todas las faenas.  \nEl obrero insistió:  \n—Aceptamos el trabajo que se nos dé, seremos torneros, apuntaladores, lo que Ud. quiera.  \nEl capataz movía la cabeza negativamente.  \n—Ya lo he dicho, hay gente de sobre y si los pedidos de carbón no aumentan, habrá que disminuir también la explotación en algunas otras vetas.  \nUna amarga e irónica sonrisa contrajo los labios del minero, y exclamó:  \n—Sea usted franco, don Pedro, y díganos de una vez que quiere obligarnos a que vayamos a trabajar al Chiﬂón del Diablo.  \nEl empleado se irguió en la silla y protestó indignado:  \n—Aquí no se obliga a nadie. Así como Uds. son libres de rechazar el trabajo que no les agrade, la Compañía, por su parte, está en su derecho para tomar las medidas que más convengan a sus intereses.  \nDurante aquella ﬁlípica, los obreros con los ojos bajos escuchaban en silencio y al ver su humilde continente la voz del capataz se dulciﬁcó .  \n—Pero, aunque las órdenes que tengo son terminantes —agregó—, quiero ayudarles a salir del paso. Hay en el Chiﬂón Nuevo o del Diablo, como Uds. lo llaman, dos vacantes de barreteros, pueden ocuparlas ahora mismo, pues mañana sería tarde.  \nUna mirada de inteligencia se cruzó entre los obreros. 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