[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-76295-es":3,"doc-seo-76295-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":91},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},76295,962075006959,"Anda","https://ap-avatar.wpscdn.com/avatar/e0002397efbe92a78e?_k=1776741047341049297",22,"Relatos y Novelas","Cuentos de Mí Mismo por Miguel de Unamuno","Cuentos de Mí Mismo, de Miguel de Unamuno, narra el contraste entre la alegría del pueblo en un domingo de verano y la tristeza inexplicable de Juan. Tras regresar de la capital, Juan se vuelve taciturno, rehúye el trato y fija su pensamiento en el dolor, repitiendo dudas sobre el sentido de la vida. El médico de aldea interpreta su melancolía como una falta de “ojos” para mirar el cielo, mientras la comunidad observa cómo su padre y su madre se consumen por la preocupación. En ese clima surge Magdalena y su refugio junto al camino.","Libro descargado [en www.elejandria.com](en www.elejandria.com), tu sitio web de obras de  \ndominio público  \n¡Esperamos que lo disfrutéis!  \nCuentos de Mí Mismo  \nPor  \nMiguel de Unamuno  \nVER CON LOS OJOS  \nEra un domingo de verano; domingo tras una semana laboriosa; verano como corona de un invierno duro.  \nEl campo estaba sobre fondo verde vestido de florecillas rojas, y el díaconvidando a tenderse en mangas de camisa a la sombra de alguna encina y besar al cielo cerrando los ojos. Los muchachos reían y cuchicheaban bajo los árboles, y sobre éstos reían y cuchicheaban también los pájaros. La gente ibaa misa mayor, y al encontrarse saludaban los unos a los otros como se saludan las gentes honradas. Iban a dar a Dios gracias porque les dio en lapasada semana brazos y alegría para el trabajo, y a pedirle favor para la venidera. No había más novedad en el pueblo que la sentida muerte del buen Mateo, a los noventa y dos años largos de edad, y de quien decían sus convecinos: «¡Angelito! Dios se lo ha llevado al cielo. ¡Era un infeliz, el pobre…!» ¿Quién no sabe que ser un infeliz es de mucha cuenta para gozarfelicidad?  \nSi todos estaban alegres, si por ser domingo bailoteaba en el pecho de las muchachas el corazón con más gana y alborozo, si cantaban los pájaros yestaba azul el cielo y verde el campo, ¿por qué el pobre Juan estaba triste? Porque Juan había sido alegre, bullicioso e infatigable juguetón; porque a Juan nadie le conocía desgracia y sí abundantes dones del buen Dios, ¿notenía acaso padres de que enorgullecerse, hermanos de que regocijarse, noescasa fortuna y deseos cumplidos?  \nDesde que había vuelto de la capital en que cursó sus estudios mayores, Juan vivía taciturno, huía todo comercio con los hombres y hasta con los animales, buscaba la soledad y evitaba el trato.  \nPor el pueblo rodaban de boca en boca sus extraños dichos, o mejor, dicharachos, amargos y sombríos, pensamientos teñidos no con el verde delos campos de su aldea, sino con el triste color de las callejuelas de la capital. Lo menos veinte veces diarias en otros tantos días habíanle oído decir: «La vida, ¿merece la pena de que se la viva?» Sólo hablaba del dolor y de la pena; eran sus relatos tristes y sus conversaciones amargas. Aumentaba la extrañeza  \nde los cándidos aldeanos de cada día, porque era bien extraño un joven que hacía alarde de sentimientos hostiles a las creencias de sus convecinos, y, arenglón seguido de negar todo más allá del más allá, les enjaretaba una larga homilía a cuenta de la vanidad de las cosas humanas.  \nSu padre empezó preocupándose y acabó por dejar perder su buen humor, y la madre empezó perdiéndolo y acabó escaldándose los ojos a puro llorar. Porque Juan a sus solícitas preguntas sólo contestaba: «¡Es manía!» Si notengo nada…, si estoy triste será porque así nací…; unos ven en claro, otrosen negro.» Consultaron al médico, respetable viejecito que sabía mucho más de lo que creía saber, y contestó: «¡Bah! Eso no es nada; déjenle y ya vendrá a su tiempo el remedio. Este muchacho se ha empeñado en no levantar la vista del suelo…, casualmente aquí…, aquí donde hay un cielo tan azul. Y, sobre todo…, ¿dónde habrá unos ojos como los que por acá menudean…?¡Bah, bah, bah! Déjenle que tope con sus ojos… ¡Vaya, vaya, ojos necesita, ojos…! ¡No quiere ver con los suyos!»  \nNo era pequeña la ojeriza que mi buen Juan había tomado al médico, implacable socarrón, hombre vulgar y despiadado que jamás topó con el aburrido estudiante sin pincharle con alguna irónica observación. Era realmente cargante y molesto aquel vulgarote de médico de aldea, que se reíade la honda tristeza de un alma infeliz y no comprendida. «¡Tristezas teóricas, Juanito, tristezas teóricas…! ¡Ojos…!, ¡ooooojos!, ¡te faltan ojos para miraral cielo!» Y Juanito pasaba bufando y añadiendo al terrible torcedor de un espíritu que se carcomía a sí mismo los sarcasmos de un mundo imbécil que aguza el dolor y embota la sombra de la escasa dicha. 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