[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-44690-es":3,"doc-seo-44690-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":84},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},44690,1374391974564,"Clementine","https://ap-avatar.wpscdn.com/avatar/14000253aa45c000a9e?x-image-process=image/resize,m_fixed,w_180,h_180&k=1779874745381141002",37,"Literatura","Peter Camenzind","Peter Camenzind presenta una reflexión lírica sobre el mito, la naturaleza y la conciencia infantil que aprende a leer el mundo. El relato describe montañas y lagos como si fueran seres que hablan con cicatrices antiguas, evocando guerras primordiales y una culpa heredada. La estación, el viento y las tormentas se contraponen con la perseverancia de montes y árboles, mientras el protagonista compara a los humanos con la dureza y el silencio de la vida vegetal.","Hermann Hesse  \nPeter Camenzind  \n[www.lectulandia.com-P](www.lectulandia.com-P)ágina 3  \nPETER CAMENZIND  \nI  \nE N un principio fue el mito. Así como el gran Dios inspiraba las almas de los  \nindios, griegos y germanos, anhelantes de expresión, vuelve también a inspirardiariamente el alma de cada niño.  \nYo no sabía aún cómo se llamaban los lagos, las montañas y los arroyos de mi tierra natal, pero contemplaba ya ensimismado la superficie de las aguas, de un color azul verdoso donde reverberaba a trechos un rayo tembloroso de sol. Las montañas se extendían como una majestuosa corona en torno al lago, con nieve en sus cumbres, arroyos deslizándose entre los peñascales y formando pequeñas cascadas, y prados verdes, ligeramente ondulados, con árboles frutales, chozas y ganado paciendo en sus pastos. Y mi pequeña alma contemplaba todo aquello en silencio, vacía yesperanzada; escuchando tan sólo las voces de los espíritus del lago y de las montañas, que hablaban sin cesar de sus bellas y osadas acciones. Las costumbres, los desfiladeros y los precipicios repetían respetuosos las alusiones a aquellos primeros tiempos de su nacimiento. Mostraban sus cicatrices, entreabrían sus grietasy hablaban y hablaban sin cesar de entonces, cuando la tierra temblorosa se movíaconvulsivamente y su superficie se contraía haciendo surgir cimas y cráteres. Las rocas se embestían unas a otras y los montes pugnaban por abrirse paso entre ellos. Las luchas eran horribles y sólo vencía el que destruía a su hermano y ocupaba su lugar. Aún quedaban huellas de aquellos tiempos lejanos. Eran visibles en las cumbres bravas o las rocas abruptas y a cada deshielo cedían algunos resquebrajadosbloques de granito que acababan de romperse como cristal contra las orillas o eran arrastrados por la corriente, montaña abajo hasta las mismas lindes de la pradera.  \nPasaban los años, pero las montañas seguían diciendo siempre lo mismo. Y era fácil comprender su lenguaje. Basta una sola mirada a las paredes abruptas, a los desfiladeros recónditos, a las rocas resquebrajadas. Todas ellas estaban llenas deespantosas cicatrices.  \n—Hicimos algo horrible—repelían sin cesar—y todavía lo estamos pagando.  \nPero aun cuando las palabras sonaban a lamentación, su tono era orgulloso, sereno y obstinado, como el de un viejo guerrero nunca vencido.  \nY guerreros seguían siendo. Yo contemplaba siempre sus luchas con la tempestadde aire y agua, en aquellas horrorosas noches que precedían a la primavera. El irascible «Föhn»[2] rugía en torno a sus cumbres y los torrentes desatados arrastraban rocas y por sus vertientes arrancaban la tierra de sus faldas. Como las tempestades menudeaban en la estación, los montes se aferraban a la madre tierra y oponían susparedes graníticas a la violencia de los elementos, haciendo acopio de todas sus fuerzas en unidad obstinada y difícil. Y a cada herida tronaban temerosos y llenos de  \n[www.lectulandia.com-P](www.lectulandia.com-P)ágina 26  \nira, llegando su entrecortado y confuso gemido hasta los más apartados parajes.  \nPero mis ojos no sólo estaban acostumbrados a estos espectáculos. Contemplabantambién praderas y laderas cubiertas de hierba, de flores y de helechos vegetales a los que el dialecto del pueblo había dado nombres pintorescos y llenos de significado. Eran hijos y nietos del monte y yo podía tocarlos, aspirar su aroma y aprender sunombre. La vista de los árboles causaba, en cambio, una impresión mucho más honda y grave en mi ánimo. Mis ojos trataban de escrutar la vida en cada uno de ellos, la forma peculiar de su copa y de su tronco y también la propia manera de proyectar su sombra. Me parecían ermitaños y guerreros, emparentados de cerca con las montañas e identificados con ellas, pues todos y especialmente los que crecían en las alturas, tenían también su propia lucha por la existencia; pugna constante con el viento, el tiempo y las rocas. Cada cual llevaba su cruz y por eso tenía sus propias conformaciones y sus heridas especiales.","cbCaip2cIywYij01","https://ap.wps.com/l/cbCaip2cIywYij01","pdf",573600,6,1,108,"Spanish","es",110,"# Imágenes del mito y los orígenes\n## Voces de lago y montañas\n# Tormentas, cicatrices y lucha\n## El Föhn y la violencia del clima\n# Vida vegetal como espejo humano\n## Árboles, guerreros y respeto\n# El pueblo y su forma de habitar","[{\"question\":\"Qué comparación hace el narrador entre personas y árboles?\",\"answer\":\"El narrador sugiere que los hombres y mujeres se parecen a los árboles: son duros, severos y poco habladores. 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