[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-76665-es":3,"doc-seo-76665-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":92},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},76665,8796095461610,"Oliver","https://ap-avatar.wpscdn.com/davatar_276721f389ce27ea32af1340a28f341c",22,"Relatos y Novelas","Héctor Servadac","Relato de aventuras ambientado en un contexto histórico y geográfico concreto, donde Héctor Servadac, oficial en Mostaganem, se ve envuelto en un duelo con el conde Basilio Timascheff. El texto inicia con el intercambio de tarjetas y la formalidad del desafío, mientras ambos acuerdan ocultar la causa real. La escena se sitúa en la costa argelina a fin de año, con descripciones del entorno marítimo, la niebla y el puerto, y continúa con los preparativos en la ciudad y la búsqueda de testigos entre oficiales militares.","Héctor Servadac  \nJulio Verne  \nLibro descargado [en www.elejandria.com](en www.elejandria.com), tu sitio web de obras de  \ndominio público  \n¡Esperamos que lo disfrutéis!  \nPRIMERA PARTE  \nCAPÍTULO PRIMERO  \nCAMBIO DE TARJETAS  \nNo, capitán, no cedo a usted la plaza.  \n–Lo siento, conde; pero por nada ni por nadie modifico mis pretensiones.–¿De veras?  \n–Sí , señor.  \n–Tenga en cuenta, sin embargo, que soy el más antiguo en esa pretensión.  \n–La antigüedad no da ningún derecho en estos asuntos.  \n–Le obligaré a cederme el puesto, capitán.  \n–No lo creo, conde.  \n–Me parece que una estocada…  \n–Quizás un pistoletazo…  \n–Tome mi tarjeta.  \n–Allá va la mía.  \nDichas estas palabras, los dos adversarios cambiaron sus tarjetas, en las que se leía: Héctor Servadac, capitán del Estado Mayor en Mostaganem, en una;  \ny Conde Basilio Timaschef, a bordo de la goleta Dobryna, en la otra. Al separarse, preguntó el conde Timascheff:  \n–¿Dónde pueden verse nuestros testigos?  \n–Hoy a las dos, si a usted le parece bien –respondió Héctor–, en el Estado Mayor.  \n–¿En Mostaganem?  \n–En Mostaganem.  \nY, dicho esto, el capitán Servadac y el conde Timascheff se saludaron con cortesía.  \nAl ir a separarse, el conde Timascheff hizo esta observación:  \n–Capitán, creo que debemos callar la verdadera causa de este duelo.  \n–También lo creo yo –respondió Servadac.  \n–No se pronunciará nombre alguno.  \n–Ninguno.  \n–¿Y el pretexto?  \n–¿El pretexto? Una discusión musical, señor conde.  \n–Perfectamente –respondió Timascheff–, yo habré defendido a Wagner, lo cual está en mis ideas.  \n–Y yo a Rossini, lo cual está también en las mías –replicó, sonriéndose, el capitán Servadac.  \nDespués, el conde Timascheffy el oficial de Estado Mayor se saludaron y sesepararon definitivamente.  \nLa escena que acabamos de relatar habíase desarrollado a las doce, aproximadamente, de la mañana, en el extreme de un pequeño cabo de laparte de la costa argelina, comprendida entre Túnez y Mostaganem y a treskilómetros, poco más o menos, de la embocadura del Cheliff.  \nAquel cabo dominaba el mar en una extensión de unos veinte metros, y las aguas azuladas del Mediterráneo iban a morir a sus pies, lamiendo las rocas de la playa enrojecidas por el óxido de hierro.  \nEra el 31 de diciembre; el sol, cuyos rayos oblicuos doraban, de ordinario, todas las eminencias del litoral, estaba a la sazón velado por una densa cortina de nubes. Las espesas brumas que, desde hacía dos meses y por causas inexplicables, envolvían el globo terrestre, dificultando las comunicaciones, entre los diversos continentes, cubrían entonces el mar, con grave peligro para los navegantes.  \nEl conde Basilio Timascheff, al separarse del oficial de Estado Mayor, dirigióse hacia un bote armado de cuatro remos, que en una de las pequeñasensenadas de la costa le estaba aguardando. Luego que tomó asiento en él, la ligera embarcación se separó de la costa y se dirigió a una goleta de placer que lo esperaba a pocos cables de distancia.  \nEl capitán Servadac dijo, por señas, que se acercara, a un soldado que aveinte pasos de él tenía de las riendas un magnífico caballo árabe, y el soldado se acercó sin pronunciar una palabra. 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