[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"doc-detail-78183-es":3,"doc-seo-78183-110":30,"detail-sidebar-cat-0-es-110":91},{"code":4,"msg":5,"data":6},0,"success",{"doc_id":7,"user_id":8,"nickname":9,"user_avatar":10,"doc_module":4,"category_id":11,"category_name":12,"doc_title":13,"doc_description":14,"doc_content":15,"file_id":16,"file_url":17,"file_type":18,"file_size":19,"view_count":20,"is_deleted":4,"is_public":21,"is_downloadable":21,"audit_status":21,"page_count":22,"language":23,"language_code":24,"site_id":25,"html_lang":24,"table_of_contents":26,"faqs":27,"seo_title":13,"seo_description":14,"update_tm":28,"read_time":29},78183,687197100911,"Himbo","https://ap-avatar.wpscdn.com/avatar/a000239b6f1da00475?x-image-process=image/resize,m_fixed,w_180,h_180&k=1782698725881665579",37,"Literatura","Campo","Relato ambientado en el ámbito rural rioplatense, donde un joven viajero se ve interrumpido por el tiempo y el viento mientras busca entrevistarse con el coronel Matos. En el trayecto, un paisano capataz guía al forastero hasta la estancia, tras un diálogo lleno de recelo y desconfianza. Al llegar, se retrata el ambiente de anochecer y la reacción del entorno: perros, peones y una conversación que anticipa tensiones y un posible conflicto en la vida del establecimiento.","LIBRO DESCARGADO EN WWW.ELEJANDRIA.COM, TU SITIO WEB DE OBRAS DE  \nDOMINIO PÚBLICO  \n¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS!  \nCAMPO  \nJAVIER DE VIANA  \nPUBLICADO: 1896  \nFUENTE: DOMINIO P ÚBLICO  \nÚ LTIMA CAMPAÑA  \nI  \n—Siguiendo el Avestruz abajo, abajo, como quien va pal Olimar...¿ve aquella eslita 'e tala, pallá de aquel cerrito?... Güeno, un poquitomás pa la isquierda va encontrar la portera, qu'está al laíto mesmo 'ela cañada, y dispués ya sigue derecho pa arriba por la costa 'elalambrao .  \n—¿Y no hay peligro de perderse?  \n—¡Qué va 'aber! Dispués de pasar la portera y atravesar un bajito, va salir á lo 'e Pancho Díaz, aquellos ranchos que se ven allá arriba, y dispués deja los ranchos á la derecha y dispués de crusar la cuchillita aquella que se ve allá ... ¿no ve ... paca de aquellos árboles?... sigue derecho como escupida de rifle y se va topar la Estancia del coronel Matos en seguidita mesmo .  \n—Gracias, amigo. Hasta la vista.  \n—De nada, amigo. Adiosito.  \nCambiáronse estas palabras entre dos viajeros, desconocidos entre sí, y á quienes la casualidad había puesto un momento frente á frente en medio de un camino.  \nUno de ellos—paisano viejo, vecino de las inmediaciones—se alejó rumbo al Norte, cantando entre dientes una décima de antaño; y elotro, joven que trascendía á pueblero y casi á montevideano—noobstante la bota de montar, la bombacha, el poncho, gacho aludo y pañuelo de golilla—, continuó hacia el Sur, castigando al bayo que trotaba por la falda de un cerro pedregoso.  \nSe estaba haciendo tarde; una llovizna fastidiosa mojaba el rostro del viajero, y un viento frío que corría dando brincos entre las asperezas de la sierra, le levantaba las haldas del poncho, que se leenredaba en el cuello, ó le cubría la cabeza, obligando á su brazo derecho á continuo movimiento de defensa .  \nMalhumorado iba el joven, quien, para colmo de incomodidades, luchaba vanamente con el viento por encender un cigarrillo, que al fin hubo de arrojar con rabia después de haber gastado la últimacerilla.  \n—¡Maldito viento!—exclamó fastidiado; y castigó de nuevo su caballo, l legando á poco á la portera que le indicara el paisano. Entonces pudo emprender galope por un llano pequeño, y luego, traspuesta la cuchilla, se topó con la Estancia del coronel Matos, en cuyo galpón se detuvo pocos instantes después, mohino y mojado yenrojecidas las conjuntivas á causa del polvo del camino.  \nEstaba anocheciendo.  \n* * *  \nLadraron los perros y á poco oyóse una voz gastada, que con elmodo de hablar calmoso del gaucho viejo, gritaba:  \n—Juega Talebar! juera Zorro! juera! juera!... Pucha perros éstos, si son «corsarios» ... Juera Talebar!...  \nTuvo que tirar una piedra á la perrada embravecida para lograr que callara, ó, al menos que se apartara un poco, y luego,  \narrastrando las chancletas y poniendo la mano de visera, se fué acercando al recién l legado.  \n—Buenas tardes, amigo.—dijo éste, con voz fuerte y bien timbrada.  \nGüenas tardes, amigo; bájese—le contestó el paisano.  \nSe apretaron las manos . El gaucho con ademán receloso, el joven con íntima satisfacción.  \n—¿El coronel Matos está en las casas, amigo?  \nEl viejo contempló atentamente al forastero, se rascó la cabeza y—Está, sí,—dijo.  \nY luego:  \n—Asigún...  \n—¿Cómo asegún?  \n—¡Pues! Pal caso estoy yo, que soy el capataz, que es lo mesmo .  \n—Pero el coronel, ¿está ó no está?  \n—Estar, está .  \n—Pues entonces tengo que hablarle.  \nEl capataz observó al joven cada vez con más desconfianza; tosió, miró al suelo, y después, con aire resignado, aunque no tranquilo,  \n—¿Que hablarle? ¡Hum!... En fin, pase pacá .  \nY el gaucho echó á andar adelante, moviendo lentamente sus piernas \"cambuetas\". Cruzaron de un extremo á otro un ancho patio cubierto de pedregullo y l legaron á un rancho largo y negro, cuyasparedes de terrón estaban agrietadas en varios sitios y carcomidasen la base; donde la gramilla crecía lozana.  \nEl joven se detuvo un momento para considerar aquella miserable vivienda, y su mirada pa","cbCainnlOE7wnRSA","https://ap.wps.com/l/cbCainnlOE7wnRSA","pdf",3389233,3,1,183,"Spanish","es",110,"# Última campaña\n## Encuentro en el camino\n## Llegada a la estancia","[{\"question\":\"¿Qué ocurre entre el joven viajero y el paisano capataz al inicio del relato?\",\"answer\":\"Dos viajeros conversan para orientarse. 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