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El capítulo describe un día frío de abril con relojes que marcan la hora exacta y el ambiente dominado por carteles omnipresentes del Gran Hermano. Dentro de su vivienda, una telepantalla escucha y transmite datos mientras Winston ajusta su regulador para disminuir el sonido. Con el ascenso al séptimo piso y la presencia constante de cámaras e instructores del Estado, se evidencia cómo la vigilancia y la Policía del Pensamiento limitan toda privacidad.",{"@graph":59,"@context":116},[60,77,99],{"@type":61,"itemListElement":62},"BreadcrumbList",[63,68,71,74],{"item":64,"name":65,"@type":66,"position":67},"https://docshare.wps.com","Home","ListItem",1,{"item":69,"name":9,"@type":66,"position":70},"https://docshare.wps.com/es/document/",2,{"item":72,"name":35,"@type":66,"position":73},"https://docshare.wps.com/es/document/relatos-y-novelas/",3,{"item":75,"name":55,"@type":66,"position":76},"https://docshare.wps.com/es/document/1984-chapter-1-begins-the-surveillance/343226/",4,{"url":75,"name":55,"@type":78,"image":79,"author":84,"headline":55,"publisher":87,"fileFormat":90,"inLanguage":53,"description":57,"dateModified":91,"datePublished":92,"encodingFormat":90,"isAccessibleForFree":93,"interactionStatistic":94},"DigitalDocument",{"url":80,"@type":81,"width":82,"height":83},"https://docshare.wps.com/thumbnails/1984-chapter-1-begins-the-surveillance/343226.png","ImageObject",300,407,{"name":85,"@type":86},"Mack Lee","Person",{"url":64,"name":88,"@type":89},"DocShare","Organization","application/pdf","2026-10-05","2026-09-22",true,{"@type":95,"interactionType":96,"userInteractionCount":98},"InteractionCounter",{"@type":97},"ViewAction",5,{"@type":100,"mainEntity":101},"FAQPage",[102,108,112],{"name":103,"@type":104,"acceptedAnswer":105},"¿Qué ocurre al comienzo del capítulo con Winston Smith?","Question",{"text":106,"@type":107},"Winston se desplaza por las Casas de la Victoria y busca evitar el viento y el polvo que lo alcanza. 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Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimoviento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorientase colara con él.  \nEl vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que sepreparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esosdibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.  \nDentro del piso una voz llena leía una lista de números que tenían algo quever con la producción de lingotes de hierro. La voz salía de una placa oblonga de metal, una especie de espejo empeñado, que formaba parte de la superficie de lapared situada a la derecha. Winston hizo funcionar su regulador y la vozdisminuyó de volumen aunque las palabras seguían distinguiéndose. El instrumento (llamado teidoatítalia) podía ser amortiguado, pero no había manera de cerrarlo del todo. Winston fue hacia la ventana: una figura pequeña y frágil cuya delgadez resultaba realzada por el «mono» azul, uniforme del Partido. Tenía el cabello muy rubio, una cara sanguínea y la piel embastecida por un jabón malo, las romas hojas de afeitar y el frío de un invierno que acababa de terminar.  \nAfuera, incluso a través de los ventanales cerrados, el mundo parecía frío. Calle abajo se formaban pequeños torbellinos de viento y polvo; los papeles rotos subían en espirales y, aunque el sol lucía y el cielo estaba intensamente azul, nadaparecía tener color a no ser los carteles pegados por todas partes. La cara de los bigotes negros miraba desde todas las esquinas que dominaban la circulación. En la casa de enfrente había uno de estos cartelones. EL GRAN HERMANO TE  \n[www.philosophia.cl](www.philosophia.cl / Escuela de Filosof)[ / Escuela de Filosof](www.philosophia.cl / Escuela de Filosof)ía Universidad ARCIS.  \nVIGILA, decían las grandes letras, mientras los sombríos ojos miraban fijamente alos de Winston. En la calle, en línea vertical con aquél, había otro cartel roto por un pico, que flameaba espasmódicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de policía encargada de vigilar a la gente a través de los balcones y ventanas. 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